Mindfulness: arranca tus días con energía nueva

¿Qué pasa si te digo que la solución a muchos problemas como el estrés y la ansiedad está dentro de ti? Probablemente digas que ya lo sabías, pero que a veces no tienes el tiempo para atenderlo, o tal vez todavía no te has dado cuenta… pero la respuesta está más cerca de lo que te imaginas. 

Desde hace tiempo hemos escuchado bastante sobre la práctica de la meditación, muchas veces por el yoga, o tal vez por esa cercanía que tenemos con las filosofías orientales que nos hablan de paz y cosas bonitas. Hoy en día, escuchamos incluso más sobre el mindfulness, está en todos lados recordándote que es muy importante estar en el presente, y lo es. 

Algo muy real (y comprobado científicamente) es que una práctica de consciencia puede llevarte a disminuir temas como estrés, ansiedad, depresión e incluso dolor además de ayudarte a mejorar el sueño, productividad y estado de ánimo en general. Otra cosa muy cierta es que podemos llegar a pensar que desbloquear un estado de este tipo es complicadísimo y requiere años de entrenamiento como monje tibetano, cuando en realidad lo único que necesitas es hacerlo parte de todos tus días. 

¿Meditación y mindfulness: son lo mismo? 

No. Es normal confundir una cosa con la otra y esperar llegar al Nirvana en diez minutos, cuando la realidad es que cada práctica te construye de maneras muy distintas y positivas poco a poco. 

La meditación es una práctica que tiene como objetivo liberar todo lo que has acumulado con el tiempo para sanar: es muy común escuchar que incluso puede darle a tu cuerpo un respiro y un descanso mejor a dormir 8 horas si logras hacerlo bien. Y lo anterior es cierto, cuando tu cuerpo descansa, sabe cómo sanarse a sí mismo. 

El mindfulness, por otro lado, es la manera en la que llevas tu consciencia al momento presente, que puede ayudarte en el ahora y a liberar estrés una vez que preparas tu respiración y foco mental a estos momentos de introspección. 

La manera más sencilla de entender la diferencia entre meditación y mindfulness es hacia dónde llevas la mente y la intención, dependiendo si estás visualizando el ahora o más allá podrás darte cuenta cómo cambia uno del otro. 

El tiempo necesario

Parte del miedo a empezar es el cuánto tiempo me va a tomar concentrarme, algo que realmente depende de ti. Diez minutos los tenemos todas, especialmente al despertar. Puede que inconscientemente abras los ojos y revises tu celular: es justo ese momento antes de scrollear el que te puede funcionar para empezar, cuando todavía no arrancan todas las distracciones y puedes seguir concentrándote en ti. 

¿Qué sigue?

No tienes que leer todos los libros del mundo ni bajar todas las apps: si encuentras algo que te funcione para dirigir un poco esos primeros cinco o diez minutos del día fluye con lo que más te guste, sólo empieza. 

¿Cómo empiezo? 

A continuación te dejo unos tips para que puedas arrancar tu día con energía nueva, piensa qué sientes antes y cómo te sientes después y acuérdate que no se trata de no pensar en nada o poner tu mente en blanco nada más, sino que va de poner tu cabeza en un lugar mucho más claro y consciente de tus pensamientos, para lograr tener un balance que te traiga muchos beneficios a futuro. 

– No esperes resolver todo en un día – Meditar no es una receta secreta para olvidarte de las cosas por lo que no es buenos sumarle expectativas, es para conocerte mejor en silencio. 

– Ponlo en tu agenda – Haz que tu intención se convierta en un hábito y si necesitas ponerte un recordatorio en el teléfono, hazlo. 

– Encuentra el spot ideal – Sin teléfono, cómodo y tuyo. Dale un lugar en tu casa u oficina y súmale los elementos que te ayuden a personalizar tu práctica, puedes poner un tapete o un zafu o cojín de meditación, pon velas o aromas que te gusten, o déjalo vacío y limpio, como a ti te funcione mejor. 

– Respira – Ponte en una postura cómoda e intenta no moverte mucho mientras cierras los ojos y respiras, no pasa nada si te reajustas y no tienes que estar en flor de loto, sólo no te distraigas con tu cuerpo y enfócate en tu mente. 

– Vuelve a respirar – El secreto para lograrlo es no complicarlo, si empiezas a divagar, regresa a tu nariz, vuelve a respirar. Si tienes muchos pensamientos, reconócelos y vuelve a la inhalación y a la exhalación, un buen tip es literal pensar inhala, exhala conforme respiras. 

– Dale un lugar a lo que sientes – Algunos días serán muy luminosos y otros no tanto, pero reconoce tus emociones y siéntete orgullosa de poder ponerles nombre. 

– Vuélvelo a hacer – No dejes que gane la apatía o los minutos extra de no hacer nada en la cama, crea un momento mindful en tu día a día, construye tu práctica. 

Una vez que te des este espacio de tranquilidad y cuidado, agradécete por crearlo, siéntete orgullosa y toma un poco de agua o té cuando abras los ojos, verás que el día arrancará de manera positiva y poco a poco comenzarás a notar que un halo de paz te acompaña todos los días.

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